Artículos de nuestros seminarios

Juan José Quintero  | 2020/03/27

El impacto de la internet en nuestras vidas

Internet es un arma de doble filo, nos abre nuevas oportunidades de crecimiento mientras controla nuestras vidas.

¿Alguno recuerda cómo era la vida antes de la aparición de la internet, de los celulares inteligentes? Para mí no es fácil, y hoy en día es difícil imaginar un espacio en el que no estemos conectados. Chateamos con nuestros amigos en clase, las iglesias nos señalan que apaguemos nuestros celulares pero todos conocemos alguien que no puede parar de mirar la pantalla de su celular. Si estar conectados es una necesidad, es importante que nos preguntemos sobre el impacto que tiene en nuestra vida. ¿Será que puede ayudarnos a transformarlas o es una carga que no sabemos cómo llevar? Por eso quiero contarles una historia sobre cómo ha cambiado mi relación con la tecnología en los últimos años.

 

Nací en Arauca, una pequeña ciudad de los llanos orientales, y desde que tengo memoria me han fascinado los computadores y la tecnología. De niño siempre buscaba la forma de acceder a ellos: en casas de amigos, en el colegio o cafés con internet. ¿Y para qué? Para jugar, videojuegos como el Rey León, Pinball, un curioso juego de un arquero y una versión extraña de Mario. Los amaba y aunque era bien malo podía pasar horas en ellos. Al crecer, los computadores dejaron de ser solo una fuente de entretenimiento para convertirse en una herramienta de trabajo. Si quería buscar información no solo podía recurrir a una enciclopedia física como la Larousse, sino que también podía usar una enciclopedia virtual, como la Encarta. Y a pesar de sus limitaciones eran la única fuente de información a la que tenía acceso. Lo mismo ocurría con las noticias o al aprender un nuevo tema. Dependía de lo que sonara en la radio, lo que me enseñara el profesor o lo que pasarán en la televisión.

 

Sin embargo, un día normal después del colegio regresé a casa y para mi sorpresa mi abuela me dice que unos técnicos habían estado allí. Yo sabía lo que significaba, corrí al computador, abrí Internet Explorer y vi, por fin, el logo de Google; pueden imaginarse la emoción tan grande que sentí ese día; han pasado más de 10 años y aún lo recuerdo con la misma intensidad. La internet significaba en ese momento la posibilidad de conectarme al mundo desde el pueblo en el que vivía. No solo quería jugar videojuegos, sino que también quería aprender y ampliar mis horizontes, salir de la burbuja en la que vivía. 

 

Ahora podía verme todas las películas que hubieran ganado un Oscar en los últimos años, aunque en Arauca no haya un cine. Si estaba cansado de la música que sonaba en la radio, en YouTube podía escuchar música cubana, calipso sanandresano o música country norteamericana. Y si quería saber en qué países no les piden visa a los colombianos, no tenía que recurrir la enciclopedia Larousse o en Encarta, con seguridad la encontraría en algún blog con información sobre el tema. Si la red podía ayudarme a ampliar mis perspectivas del mundo, ¿qué otros cambios podía traer a mi vida?

 

La respuesta a esa pregunta llegó en once. En Arauca no había muchas opciones de estudio de educación superior y mis padres no tenían muchos recursos. Como yo tenía el sueño de ser profesional me planteé el objetivo de entrar a una universidad pública, a la Universidad Nacional. Solo había un problema, tenía que pasar el examen de admisión, que como algunos han oído es bastante exigente. ¿Cuál fue mi estrategia? Internet y, aunque no lo crean, usé mucho Facebook. Había un grupo que se llamaba <blog de la nacho> en el que la gente compartía exámenes y tips para pasar la prueba de admisión. Empecé a realizar esos exámenes y a estudiar los temas que no entendía a través de Youtube, de algún blog o de algún libro que había descargado. Por ejemplo, para Filosofía veía la serie argentina “Filosofía aquí y ahora”, para matemáticas estaban los videos Julio Profe y para Química el canal español Únicos.

 

De hecho, tenía un cronograma claro de estudio; los lunes, matemáticas de tal a tal hora después de clases; los martes, español; los miércoles biología, y así. Y sí, no parece muy divertido, pero chicos, mis padres no podían pagarme una universidad privada y en ese momento Arauca no ofrecía las mejores alternativas para estudiar. Tenía muchos sueños y deseos de conocer el mundo, y el medio para alcanzarlos en ese momento era esa prueba de admisión. Podía quedarme sentado quejándome de la mala suerte de no tener más dinero o haber nacido en otro lugar con mejores oportunidades, o tomaba la responsabilidad de mi futuro y me enfocaba en aquellas herramientas y oportunidades que tenía a la mano.

 

¿Y adivinen qué? Gracias a ese esfuerzo pude pasar a la Universidad Nacional a Ingeniería Mecatrónica.  Para mayor alegría, al año de graduarme del colegio, por mi buen puntaje en las pruebas saber, Ecopetrol me dio una beca. Podía estudiar donde quisiera, todo pago, por lo que decidí cambiarme a la Universidad de los Andes para estudiar Antropología. Con confianza puedo decir “la internet transformó mi vida”, porque pude verlo como una herramienta para alcanzar mis metas y sueños.

 

Ahora, aunque soy muy agradecido por haber nacido en esta época de la internet y de tener estos medios tecnológicos a la mano, las cosas tampoco han sido un cuento de hadas. Con el tiempo, me he dado cuenta que me cuesta no hacer “nada”. Si estoy solo en una fila, es probable que saque el celular para no “aburrirme”. O puede que les haya pasado como a mí, que siento una necesidad muy fuerte de estar siempre informado. De saber qué fue lo último que publicó el vecino del barrio con el que llevo años sin hablarme, o ver el último video que publicó el youtuber que sigo. Cuando en realidad saberlo o no, no genera mayor impacto en mi vida, es probable que a la semana lo haya olvidado. Además, tengo dificultades para mantener la concentración en una tarea por largos periodos de tiempo. Cada rato me veo caer, impulsivamente, en Youtube, Facebook o Whatsapp, presa de la tentación que me generan las notificaciones del celular.

 

Y la verdad, esto no es algo que me pase solo a mí. De hecho, en los últimos años ha tomado gran fuerza una visión más crítica sobre el poder que tiene la internet y las redes sociales en nuestra capacidad de atención, salud mental y la calidad de nuestras relaciones (Center for Humane Technology, 2019). Hay estudios que señalan que entre más tiempo pasamos en redes sociales es más probable que nos sintamos aislados, estresados o depresivos (Center for Humane Technology, 2019).  Incluso, se habla que estamos perdiendo la capacidad de pensar profundamente. 

 

Cuando tenemos 10 pestañas abiertas en nuestro navegador de internet, nuestro cerebro pasa más tiempo tratando de organizar la información que estableciendo conexiones entre lo que hemos leído y aprendido (Car, 2010). Si no me creen, créanle al menos a uno de los cocreadores de Facebook, Sean Parker, que dijo en una entrevista al referirse sobre esa plataforma "Sólo Dios sabe lo que le está haciendo al cerebro de nuestros hijos" (Liever, 2018). ¿La razón? El negocio de estas grandes empresas tecnológicas es la publicidad, entre más tiempo estés en sus plataformas, más probabilidades hay de que le des clic a algún anuncio. Su prioridad es que pases la mayor cantidad de tiempo en la plataforma, aprovechándose de nuestras debilidades psicológicas, como nuestra adicción a las novedades o a recibir aprobación social de otros (Liever, 2018). No están pensando en tu bienestar general, en que puedas aprovechar cada minuto de tu vida para concentrarte en lo que realmente es importante para ti: tus seres queridos y tus metas.

 

Entonces, ¿qué deberíamos hacer? ¿tirar nuestros celulares a la basura? ¿cerrar todas nuestras redes sociales? No es una respuesta sencilla, pero creo que es central decidir qué rol queremos que tengan en nuestra vida. En lo personal, he decidido verlas como herramientas que puedo usar para mi crecimiento personal y profesional. No saben cuánto me emociona saber que en plataformas como Coursera, Edx, Youtube, Crehana y Platzi uno puede aprender desde cómo hacer maquillaje para películas de ciencia ficción, hasta programación de páginas web o diseño gráfico. Significa la posibilidad de acceder, de forma rápida y gratuita, a una gran cantidad de recursos educativos de gran calidad que antes era impensable. Significa que ahora es más fácil que nunca tener un rol activo en nuestros procesos de aprendizaje, decidir qué queremos aprender y porqué lo queremos aprender. 

 

Algo central en el siglo XXI, vivimos en un mundo en el que la automatización está dejando sin empleo a millones de trabajadores no calificados (Chui, 2018; Sterling, 2019). No hay necesidad de ver a un robot vendiendo empanadas en la esquina para ser consciente de lo importante que es tu formación en el mundo laboral. En toda Colombia, las personas que no siguen estudiando tras terminar el bachillerato no suelen ganar más del salario mínimo, es más probable que queden desempleados, que tengan servicios de salud de mala calidad, que sus ingresos no aumenten con el tiempo (OECD, 2017; DANE, 2018), y que sus hijos sigan sus mismos pasos. (García, Rodríguez, Sánchez & Bedoya, 2015). 

 

No se me asusten, estos datos son solo un recordatorio de lo importante que es nunca parar de aprender. No importa que profesión o carrera uno elija. Por ejemplo, Nicolas, un amigo de la universidad que estudió arquitectura se dio cuenta en los últimos semestres que no quería ejercer como un típico arquitecto, diseñando apartamentos para una constructora. Quería algo más, diseñar escenarios 3D para videojuegos. Como no sabia por donde empezar, recurrió a la internet. Buscó cursos online sobre el tema, aprendió a usar los programas que se usan en la industria y recurrió mucho a redes sociales y foros en línea para obtener retroalimentación de sus proyectos. Tras dos años de mucho esfuerzo, se convirtió en un gran diseñador de escenarios 3D para videojuegos. Ahora trabaja en República Checa en una reconocida desarrolladora de videojuegos.

 

Este tipo de historias me encantan, porque son personas que por sus propios medios y recurriendo a los recursos que la internet les ofrece han logrado resultados asombrosos que han cambiado sus vidas para siempre. Son el vivo ejemplo de lo que la educación puede hacer en nuestras vidas y el poder que implica tomar la responsabilidad de nuestro proceso de aprendizaje. Si logramos traducir, aunque sea algunas de sus estrategias de aprendizaje a nuestra propia vida, ¿hasta donde creen que podríamos llegar?… Eso es lo que quiero ofrecerles. Una estrategia que les ayude a sacar el mejor provecho a la inmensa cantidad de información que existe en la red. 

 

¿Qué tenemos que hacer? Cuatro sencillos pasos que les ayudarán a aprender desde tocar la guitarra, pasar el examen de la Universidad Nacional, hasta sacar un buen puntaje en las pruebas Saber.

 

Lo primero es definir nuestro objetivo final (Young, 2019). Imaginen que deben presentar un examen de inglés, pero nadie les dice qué van a evaluar. Lo único que se les ocurre es revisar sus apuntes, repasar algunos tiempos verbales y un poco vocabulario. Llega el día del examen y ¡sorpresa!, el examen es oral y ustedes no practicaron nada de pronunciación. Se enredan, pronuncian mal las palabras y olvidan expresiones populares que se usan al conversar. A pesar de todo el esfuerzo que hicieron, no estudiaron lo que era importante en ese contexto y se rajaron en el examen.

 

Por eso es importante establecer un objetivo de aprendizaje claro de lo que les gustaría aprender y qué quieren lograr con eso. No es lo mismo decir “voy a aprender árabe” a “quiero aprender a conversar casualmente en árabe con un nativo”. Si se dan cuenta, en la segunda frase señalamos el para qué usaremos el conocimiento, y eso es clave, porque nos da una visión clara hacia donde queremos llegar y un criterio con el cual evaluar si lo que aprendemos es pertinente. 

 

Lo segundo es investigar. ¿Alguno ha escuchado la frase “no reinventes la rueda”? Se suele usar cuando una persona invierte mucho esfuerzo en resolver un problema que ya tiene solución. Lo mismo nos puede pasar a nosotros si olvidamos que otras personas ya hayan hecho lo que queremos hacer. Investigar lo que aprendieron, cómo lo aprendieron y los errores que cometieron nos ayudará a elegir los mejores materiales de estudio y las mejores metodologías (Ferris, 2012; Young, 2019). 

 

¿Quién les puede dar esa información? Por un lado, están las instituciones educativas formales, como Universidades, Academias o Institutos técnicos.  Entren a la página web de un instituto de arte y vean el programa académico de Fotografía. Descubrirán que para ser un buen fotógrafo deben aprender sobre composición, iluminación y manejo de cámaras análogas. También pueden recurrir a libros, físicos o virtuales; páginas web; foros, como los grupos de Facebook; videos explicativos o entrevistas realizadas a expertos en el tema. Solo necesitan escribir en Google: “¿Cómo aprender…?” Lo que quieran. 

 

En mi caso particular, en los grupos de Facebook encontré varias guías sobre cómo ingresar a la Universidad Nacional. En ellas especificaban el puntaje promedio que necesitaba obtener para pasar a la carrera que quería e indicaban qué temáticas se preguntaban en cada área del examen. También daban recomendaciones de estudio, como enfocarse en realizar muchos simulacros para acostumbrarse a ese tipo de pruebas y descubrir en qué áreas estamos flojos. 

 

Otra fuente de información son los propios expertos. Si no tienen a ningún conocido, pueden contactarlos a través de redes sociales como Instagram o Twitter. Pregúntenles cuáles son los errores que suelen cometer los principiantes al empezar o qué harían diferente si volviera a comenzar. La gente suele responder mucho más de lo que uno se imagina.

 

En el caso de Nicolas, él me decía que al inicio perdió mucho tiempo porque no sabía qué recursos había disponibles en la web. Inició con cursos de YouTube que le enseñaron muchas cosas mal que después tuvo que volver a aprender y que por el afán de hacerlo rápido no les dio mucha importancia. Fue el caso de los fundamentos del arte, como la teoría del color y la composición, que frenaron su avance más adelante. Este tipo de información les puede ayudar a no repetir los errores de otros y enfocarse en lo más importante.

 

Ahora, ¿Cómo creen que luce su computador tras varias horas de búsqueda de información? Si son como yo, probablemente luzca así [imagen de un Google Chrome con muchas pestañas abiertas]. ¡Es desesperante!, y ese es uno de los desafíos de vivir en una sociedad siempre conectada: ¡Hay demasiada información! Información que puede ser de buena o mala calidad, incluso contradictoria. En un blog encuentras que si quieres aprender un idioma debes empezar a hablarlo desde el primer día, mientras que en un amigo que habla varios idiomas te recomienda aprender la fonética y la gramática básica al principio. Eso confunde a cualquiera. 

 

¿Qué podemos hacer? Necesitamos seguir el tercer paso, Filtrar (Ferris, 2012; Young, 2019), como hacemos con el café. Vamos a deshacernos de todo lo que no nos sirva, y nos centraremos en lo importante, en los contenidos y metodologías que nos permitirán alcanzar nuestros objetivos en el menor tiempo posible y con los mejores resultados.

 

Solo necesitamos responder dos preguntas. La primera: ¿Cómo me ayuda este contenido /metodología a alcanzar mi objetivo? (Ferris, 2012; Young, 2019). ¿Recuerdan el ejemplo del examen de inglés? En el que se rajaron por no practicar la pronunciación... Es lo mismo, con tantas opciones de estudio es muy fácil olvidar nuestro norte. Digamos que ustedes sueñan con crear aplicaciones para celular, quieren crear el próximo FlappyBirds, y en YouTube encuentran dos cursos sobre el tema: uno que les enseña a programar desde cero, pero solo eso. Mientras que hay otro que no solo les enseña eso, sino que lo hace a la vez que crean una aplicación en Android. ¿Cuál creen que está mejor alineado con sus objetivos? ¿Cuál creen que van a disfrutar más y con el que se sentirán más motivados? El segundo, ¿cierto?.

 

La segunda pregunta es: ¿Cuáles son los principios y las competencias básicas que debo dominar? Pensemos en el juego Jenga ¿Alguno lo ha jugado alguna vez? ¿Saben qué pasa cuando se quitan los bloques de la base? La torre se vuelve inestable y ante una sacudida es más fácil que se caiga. Piensen que sus conocimientos y habilidades son como una torre de Jenga, necesitan tener bases fuertes para poder resistir cualquier reto que se les presente. Esto aplica para todos los campos. Imaginen a un delantero de Futbol que tiene una pierna de oro, pero cero de estado físico. No le iría muy bien en los partidos, ¿cierto? Por eso debemos estar muy atentos a identificar esas competencias que son fundamentales tener para alcanzar el éxito en cualquier área. Para el diseño de escenarios 3D, Nicolás, debía dominar los fundamentos del arte -la perspectiva, las técnicas de composición y la teoría del color-, además de saber usar los diversos programas que existen. Sin esos fundamentos, es muy difícil crear algo que sea visualmente fascinante. Lo mismo ocurre con las pruebas Saber. Ustedes pueden ser los duros en biología, pero si no tienen una buena comprensión lectora, se van a confundir y equivocar a lo largo de toda la prueba.

 

Ya sabemos qué es lo que vamos a estudiar, cómo lo vamos a estudiar y por qué vamos hacerlo de esta forma. Solo nos quedaría un último paso, crear un plan de trabajo. Si ustedes esperan trabajar en sus proyectos solo cuando tengan tiempo libre, me están diciendo que ese proyecto no es una prioridad para ustedes, por lo que siempre encontrarán una excusa para decir que no tienen tiempo. Creen el hábito de estudiar o practicar cada día a la misma hora y lugar, por lo menos 15 minutos y cada semana definan qué es lo que intentarán aprender para que puedan evaluar si su estrategia de aprendizaje les está funcionando o no.

 

Les advierto, tendrán que sacrificar algo. Yo sacrifiqué todas las vacaciones de mitad de año de once para prepararme para las pruebas Saber. Estudiaba todo el día. Y cuando entré al colegio estudiaba en las tardes o en las madrugadas. Nicolás, cuando terminó la universidad, pasaba 12 horas al día estudiando y trabajando en proyectos de modelado 3D. Pero, ¿saben qué? No sé si sea adecuado llamarlo sacrificio, al final lo hacemos por nosotros mismos y por los sueños que tenemos.

 

Si hay algo con lo que me gustaría que se queden, es que el mayor beneficio que tiene tomar la responsabilidad de nuestro aprendizaje, es la confianza que se gana en las capacidades que cada uno tiene, en lo que cada uno puede lograr en la vida y en el espectro de posibilidades que cada uno tiene en sus manos. Recuerden que están viviendo en una época de la historia única. Nunca antes una generación ha tenido tantas opciones de vida como las que tenemos nosotros en este momento. No tenemos que heredar la profesión de nuestros padres si así lo deseamos. No estamos destinados a vivir el resto de nuestras vidas en el lugar en el que nacimos y tampoco tenemos que aspirar a lo que todos los demás sueñan. Pero todas esas posibilidades, toda esa libertad, implica una responsabilidad, una responsabilidad con ustedes mismos, con la persona en la que sueñan convertirse en 20 años. No hay ningún genio de la lámpara que materialice sus sueños de la noche a la mañana, van a necesitar mucho esfuerzo, tiempo y estudio, pero les aseguro que la recompensas valdrán la pena. Gracias.

Carr, N. (2010) ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales. Bogotá: Taurus.

 

Center for Humane Technology (2019). Ledger of Harms. Recuperado de https://ledger.humanetech.com/

 

Chui, M. (marzo de 2018). How will automation affect jobs, skills, and wages?. McKinsey Global Institute. Recuperado de: https://www.mckinsey.com/featured-insights/future-of-work/how-will-automation-affect-jobs-skills-and-wages

 

Departamento Administrativo Nacional de Estadística [DANE] (2018). Saber para Decidir 2018: Boletín Nacional.

 

Ferriss, T. (2012). The 4-Hour Chef: The Simple Path to Cooking Like a Pro, Learning Anything, and Living the Good Life. Las Vegas: Amazon Publishing.

 

García, S., Rodríguez, C., Sánchez, F., & Bedoya, G. (2015). La lotería de la cuna: La movilidad social a través de la educación en los municipios de Colombia. Documentos CEDE, Volumen (21).

 

Lieber, C. (08 de Agosto de 2018). Tech companies use “persuasive design” to get us hooked. Psychologists say it’s unethical. Vox. Recuperado de https://www.vox.com/2018/8/8/17664580/persuasive-technology-psychology. 

 

Organisation for Economic Co-operation and Development [OECD] (2017). Education at a Glance 2017: OECD Indicators, OECD Publishing, Paris.

Sterling, A. (15 de junio de 2019). Millions Of Jobs Have Been Lost To Automation. Economists Weigh In On What To Do About It. Forbes. Recuperado de https://www.forbes.com/sites/amysterling/2019/06/15/automated-future/#146bfe20779d.

 

Wyner, G. (2012). I Learned to Speak Four Languages in a Few Years: Here's How. Lifehacker. Recuperado de https://lifehacker.com/i-learned-to-speak-four-languages-in-a-few-years-heres-5903288.


Young, S. (2019). Ultralearning: master hard skills, outsmart the competition, and accelerate your career. Harper Business.

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